Inseguridad vial III, lo que nos mata como hormigas

En Córdoba el tema cobra gran magnitud porque es el segundo distrito con mayor cantidad de siniestros y por la tremenda cifra que es un record lamentable al que gobierno no ha prestado la debida atención: nada menos que 6.563 personas murieron en 10 años por accidentes en Córdoba. Y justamente es uno de los 3 distritos que aún no adhirió a ley nacional 24.449 de 1994, lo que según Alicia Copello de Luchemos por la Vida, impide que existe uniformidad en las políticas diseñadas para reducir la siniestralidad en declaraciones a Perfil. Finalmente en marzo pasado entró en vigencia la Ley de Tránsito de Córdoba, aunque como tantas otras normas en estos años sale sin consenso, impuesta solo por la mayoría de UPC-PJ. Su “columna vertebral” será el Registro de Antecedentes y contempla nuevas obligaciones. Pero esta ley nace tan débil que ni Córdoba Capital adhirió a ésta sino a la norma nacional y ahora cada una con su ley, porque el gobierno de De la Sota promovió su propia norma como advierte La Voz, y presenta dificultades de aplicación porque “choca” con la ley de Transporte. Mientras que a nivel nacional, ante la parsimonia del Congreso que aún no trató ninguno de las 5 iniciativas que se presentaron entre 2005 y 2006 por rechazo del oficialismo, el defensor del Pueblo de la Nación, impulsa un proyecto de ley por iniciativa popular para declarar la emergencia vial por dos años.
Pero volvamos sobre las causas. De las múltiples razones y factores que influyen en semejante fenómeno hay algunas principales sobre las que hemos puesto especial énfasis: el factor cultural o idiosincrasia de los argentinos; el desconocimiento de las normas tránsito además de su incumplimiento adrede; la facilidad para obtener la licencia de conducir sin la debida exigencia sobre el conocimiento efectivo de esas normas viales; el alcohol al volante; el estado de las rutas y la obsolescencia en los criterios para mantener y modernizar la infraestructura (por ejemplo con vallados plásticos en vez de cemento o metal, corrección de trazados antiguos de rutas que pasan por pueblos o con curvas peligrosas, etc.), falta de atención o distracciones varias (hablar por celular, dvd – radios, etc) y otras cuantas más, que según algunos especialistas trepan a 54 causas que intervienen en las tragedias que a diario ocurren en el país. Pero la mayoría de las causas apuntan a un lado: distintos estudios estiman que la negligencia incide en 95 por ciento de los casos. Mientras que otros entendidos en la materia creen que se va a llegar a algún lado buscando intervenir sobre la semiosis y la lingüística, al considerar que es preferible utilizar el término "colisión” (o choque) de vehículo antes que “accidente” para evitar relacionarlo con algo fortuito, dado que un choque vial no es producto del azar ni de la fatalidad y como una forma para intentar evitar que estas tragedias diarias sean naturalizadas en el inconsciente social. Si bien podría ser correcto, lamento decirles que están condenados al fracaso, por cuestiones que sería muy extenso desarrollar, la lengua vive en los hablantes y el uso / significado social de las palabras no admite intervenciones artificiales exitosas en éste sentido. Pero le asiste la razón al especialista al evaluar que también es necesario cambiar ciertas pautas culturales. "La furia en la calle –advierte Jorge Varcelotti, especialista del Trauma Center de Pittsburgh, Estados Unidos– hierve bajo la superficie en la mayoría de los conductores. Es un estado emocional que se adquiere de manera temprana en la vida mientras somos conducidos por padres u otros adultos. Esto es reforzado por la televisión, donde los conductores que se comportan mal están siendo mostrados con frecuencia". La agresividad en las rutas, dice el médico Juan Wandersleben siguiendo este estudio, se presenta de maneras diferentes detrás del volante. Algunos síntomas aparecen cuando, por ejemplo, el conductor insulta o se acerca peligrosamente al vehículo de adelante o frena de repente para castigar al vehículo que se le acerca demasiado. Y aún más: está repleto en las calles y rutas de la Argentina los pesados que cierran o tiran el vehículo encima, empezando por los colectiveros y siguiendo por vehículos utilitarios, camiones y un ejército de imprudentes y “asesinos” potenciales al volante de vehículos menores, incluyendo a motociclistas y gente en bici que se mete de contramano en calles y avenidas, y cruza en rojo – algo de todos los días- o hace una “U” de pronto o cualquier otra maniobra peligrosa.
Por otro lado, también los caballos y animales sueltos en la ruta son una causa frecuente de siniestros. Yo mismo sufrí, como otros miembros de mi familia, accidentes por animales sueltos en las rutas de la RAC en Córdoba y un gran amigo murió por esta misma razón en San Luis. Mientras que otros familiares también sufrieron accidentes de tránsito, siendo peatones por ejemplo. Cuando tuve aquel accidente por atropellar uno de los 5 caballos sueltos, aparte de la "providencia", destino o suerte que tuve, evidentemente contribuyó a salvarme el estar usando el cinturón de seguridad, casi como vemos acá, en este institucional de bien público "El cielo puede esperar".